¿HAY MANERA DE SABER SI ESTO ES UNA FALSA NOTICIA?

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30 de octubre de 1938,

Nathaniel Brown era el hijo menor de una acaudalada familia neoyorkina que compartía piso con sus compañeros de la universidad de Yale, Benjamin y Albert. Junto a éstos descansaba y mataba el tiempo de las últimas horas del domingo antes de volver a la rutina semanal.

Se encontraba sentado en el sillón invadido por una dulce somnolencia que amenazaba por arrebatarle su consciencia por completo, mientras escuchaba por la radio un concierto que había sintonizado Ben. La interrupción de la música le sacó de golpe de su ensimismamiento. Un boletín de noticias de última hora le otorgaba la palabra a un científico que había observado tres explosiones en Marte desde las 07:45pm. Al parecer estas explosiones se debían a una invasión alienígena que estaba teniendo lugar en ese preciso momento en Grover´s Mill, Nueva Jersey. Nate pensó que eso estaba a poco más de una hora de la casa de sus padres en Manhattan, lo que le provocó un repentino sentimiento inicial de incredulidad que fue evolucionando hacia la angustia cuanto más escuchaba al científico.

La voz de su compañero Benjamin tuvo un efecto tranquilizador. Benjamin Bell era una persona con un don increíble para racionalizar cualquier situación y esta no iba a ser una excepción. Todo aquello tenía que tener una explicación razonable, que nada tenía que ver con la vida extraterrestre. Él defendía la creencia de que en los tiempos turbulentos que les había tocado vivir a nivel mundial, se había acrecentado el número de personas que daba rienda suelta a toda clase de teorías conspiranoides, en las que cualquier tipo de invasión, ya fuera humana o no, era posible.

El boletín informativo terminó con la promesa de volver a emitir en directo en cuanto tuviesen más información. Nate intentaba no dar crédito a lo que había escuchado, pero presa de un creciente pánico en el caso de que su familia pudiese verse en peligro si los alienígenas seguían avanzando en su invasión, cambió el dial en busca de otras cadenas que emitieses más información. No encontró nada. Fue por recomendación de Albert que volvió a poner la cadena en la que estaban, después de todo el locutor había prometido dar más detalles en cuanto dispusiese de ellos.

Y eso fue lo que paso, la emisión del concierto no tardo en volver a verse interrumpida con más noticias sobre la supuesta invasión. Está vez hablaban de meteoritos que impactaban sobre la tierra y seres de lugares recónditos invadiendo nuestro planeta que intentaban hacerse con el control a base de fumigarnos con gases tóxicos para nosotros. El científico hablaba con todo lujo de detalles de cómo eran los seres que habían aterrizado en la Tierra ya que él los estaba viendo en persona.

Albert, contrario a las ideas de Ben no paraba de repetir que lo sabía. Sabía que no podíamos estar solos en el universo, sabía que el gobierno tenía esta clase de información y la había estadio ocultando a los ciudadanos bajo la premisa de que estuviesen protegidos y sabía que los alienígenas nos vigilaban durante años a la espera de atacarnos en el momento más vulnerable, al fin y al cabo, es lo que hacían los depredadores. Y ese momento había llegado, ahora que la población mundial estaba distraída ante el inminente ataque de las tropas alemanas y la creciente amenaza de guerra sonando en todas partes. El programa de radio sólo relataba hechos que él sabía cómo verdades no pronunciadas desde hace tiempo.

Agotado por el esfuerzo de intentar pensar con claridad Nate escuchaba la conversación de sus dos compañeros de piso que cada vez era más acalorada en un intento de convencer al otro de sus razones. Nate subió el volumen de la radio para poder escuchar como el locutor hablaba de que los gases alienígenas habían invadido la emisora de radio afectando a los que estaban allí y llevándose por delante vidas humanas. No pudo escuchar más, sin perder más tiempo cogió las llaves de su Buick y salió del apartamento dispuesto a llegar hasta su familia. Tan sólo tenía que recorrer 132 millas luchando contra la angustia de pensar que no llegaría a tiempo para poder huir con su familia, pero ¿Qué era eso comparado con un ataque alienígena?

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